Quitarle o restringirle derechos a los inmigrantes ha sido siempre una tendencia o idea perversa que no ha dejado de aparecer en situaciones de crisis o de guerras. El fenómeno de la migración enfrenta hoy la guerra de Ucrania y sus consecuencias, siendo para Europa y EEUU una situación problemática por la escasez de alimentos que se asoma a nivel mundial, lo que hace que la alimentación se convierta en preocupación mayor de Naciones Unidas. Su Secretario General, Antonio Guterres, ha dicho que la escasez mundial de alimentos podría golpear el planeta y no descarta una hambruna global en los próximos meses; pero lo más preocupante está en que la solución a la crisis alimentaria depende de reintegrar a los mercados mundiales la producción de alimentos de Ucrania, así como los alimentos y fertilizantes que producen Rusia y Bielorrusia. Ahora, ¿Cómo podrá darse una solución inmediata si EEUU, el Reino Unido y la Unión Europea son los que alimentan la guerra enviando armas a Ucrania e invirtiendo millones y millones de dólares, euros y cualquier fondo de inversión sólo para ese fin?
El drama de la migración es el de hombres, mujeres y niños desde África, angustiados por llegar a Europa; o desde países centroamericanos por entrar a Estados Unidos. Se ha dicho que en la crisis de los Estados y de las comunidades nacionales, acompañada de los flujos migratorios hacia los países desarrollados y la distancia cada vez mayor entre países ricos y países pobres, la ciudadanía ya no es un factor de inclusión. Por eso, hoy Europa nos muestra la cara de un nuevo racismo con la persecución a los inmigrantes, igual está sucediendo en América.
Aquellos derechos que fueron proclamados como iguales y universales, entre ellos el derecho a emigrar, sólo existieron y se dieron para justificar y legitimar la colonización y la guerra de conquista de los territorios situados en la otra mitad del planeta. Es la larga historia de los pueblos del sur saqueados por los imperios del norte, pero nunca se imaginaron esos centros de poder la terrible paradoja que hoy los sacude y les recuerda su “legitimación” de la ocupación colonial, cruel y expansiva, cuando ahora se ven sitiados por esas poblaciones hambrientas que huyen de los desastres de las guerras y situaciones de crisiss que las obligan, desesperadas, a traspasar sus fronteras en medio de una guerra más y la amenaza de la hambruna global.